Es evidente que el mercado laboral afecta a todas las personas adultas: ¿hacia dónde me dirijo? ¿Cómo seguir vigente a medida que pasan los años? ¿Qué puedo hacer si no me quiero jubilar? Dejar de trabajar ya no es una opción deseable para los adultos mayores, sobre todo cuando la vida moderna nos provee de un sistema económico y social mucho más abierto, inclusivo y participativo.

Por Andrés Jara Valdivia
Director de Desarrollo de Lukkap Chile

En este escenario se instala la convicción de que el trabajo es una fuente de realización y contribución durante el Tercer Tiempo de la vida, en especial cuando se cuenta con las capacidades físicas y mentales para hacer significativos aportes desde el expertise y las habilidades emocionales.

Chile se está envejeciendo, y demasiado rápido. Sabemos que al año 2040, un tercio de la población tendrá sobre 60 años, condición calificada en nuestro país como adulto mayor. El fenómeno es algo que, si bien viene dándose hace ya algún tiempo en naciones de Europa Occidental y Asia, nunca se había analizado en nuestro país.

El mercado laboral no queda ajeno a esta realidad. En Chile, desde el año 2017, la participación de seniors en el trabajo formal ha crecido sosteniblemente, de un 11% a un 16%. El aumento de la expectativa de vida y los avances en la medicina auguran una mejor calidad de ésta. Cada año tenemos adultos mayores muy vigentes y con plenas capacidades de seguir aportando a la economía del país. ¿Entonces? La incorporación de este segmento etario al mercado laboral debiese estar ya en la agenda política, social y gubernamental.

Para ello, debemos combatir ciertos paradigmas culturales que nos han acompañado por décadas, sino siglos. Históricamente se nos ha enseñado que, después de los 65 años, la persona ya no agrega valor a la economía formal. Esto es una herencia de la era industrial, la que nos llevó a pensar que la persona productiva era aquella con más fuerza física y capacidad de sostener acciones repetitivas durante 8 o 9 horas de trabajo.

La participación de personas en la economía moderna se ha ido desplazando hacia la generación de servicios, dejando que las máquinas hagan de mejor forma las tareas que requieren fuerza física y repeticiones. Y es en este punto donde se rompe la larga tradición de dejar a los adultos mayores confinados solo a actividades menores. Este es un paradigma que está cambiando rápidamente dado que sobran las evidencias que demuestran la vigencia y lucidez de los adultos mayores para contribuir, con su experiencia de errores y aciertos, al desarrollo de la sociedad moderna. No aprovechar este aprendizaje, francamente, sería una miopía del ser humano contemporáneo.

¿Quién piensa en esta problemática?
Hoy podemos constatar que, en general, el mundo empresarial aún no está considerando la inclusión laboral de aquellos que han cruzado la barrera de los 65 años, quizá porque todavía siguen aferrados a la antigua idea de que son improductivos en esta etapa de la vida. Eso, a todas luces, ya no es así

Ahora, en estricto rigor, no es tarea del mundo empresarial pensar acerca de esta problemática, sino de toda la sociedad, la que tiene la tarea de reinventarse frente a los nuevos escenarios de convivencia. No son pocas las iniciativas que hace algún tiempo están abordando este desafío, como es el caso del programa Adulto Mejor impulsado por el actual gobierno, el cual aborda los temas de envejecimiento activo y positivo en las áreas de salud, alimentación, cuidado y trabajo, como el programa Experiencia Mayor, lanzado en junio pasado y que promueve la reintegración de los adultos mayores al espacio laboral.

Seguramente tendrá que pasar un tiempo para que la institucionalidad política y social logre incorporar nuevas prácticas de convivencia que integren a las personas mayores en actividades laborales permanentes o en modalidades part time. Con todo, igualmente hoy están las condiciones para que en Chile se avance de forma paulatina –pero sin vuelta atrás– en establecer una legislación más inclusiva y participativa del adulto mayor en la construcción de la sociedad futura.

No cuido nietos
Hasta hace 20 o 30 años, la persona se jubilaba y aún le quedaba alrededor de una década más de vida. Hoy, tiene al menos 15, 20 o 25 años por delante para seguir activo. Y esto es una realidad absolutamente innegable. Basta analizar 4 factores que contribuyen a que esto ocurra:

1- El aumento de la expectativa de vida.
Es un hecho indiscutible que se ha abierto un nuevo horizonte de tiempo –similar a los tradicionales 35 años de vida laboral–, donde se puede planificar y realizar nuevos sueños y objetivos que nunca fueron parte de nuestras expectativas de la vida familiar y personal.

2 -El desarrollo de una economía más colaborativa y abierta.
Muchas iniciativas de los ciudadanos aportan y participan en resolver problemas o cubrir necesidades de la sociedad. Por ejemplo, personas que disponen parte de su tiempo para enseñar en instituciones educacionales, colaborar en fundaciones o prestar servicios muy personalizados. Actividades inclusivas en las que todos tienen espacio: personas con discapacidad, mujeres dueñas de casa, adultos mayores y otros.

3- El desarrollo del espíritu humano.
La impresionante expansión del mundo interno de los individuos, con todas sus distinciones psicológicas y aspiraciones de libertad, ha generado legítimas necesidades de las personas y grupos. Lecturas novedosas, viajes de placer, talleres de aprendizaje, experiencias lúdicas, trabajos con sentido y tantas actividades que nuestros padres y abuelos ni siquiera imaginaban.

4 -Una mejor calidad de vida.
Como consecuencia de los factores antes mencionados, es más posible elaborar y obtener un mejor bienestar. “Estar bien” consiste en la posibilidad de equilibrar el esfuerzo y el placer, la razón y la emoción, el pasado y el futuro. La búsqueda de una mejor calidad de vida se expresa en una integración holística de todo lo humano.

Cuando uno analiza estos cuatro puntos en su conjunto, descubre que hay un mundo de oportunidades para desarrollar servicios por y para los sujetos del tercer tiempo. Qué mejor que el mismo adulto mayor desarrolle soluciones y responda a las necesidades de otros adultos seniors. Es similar a lo que hacen hoy los jóvenes con cientos de startups que generan productos y servicios para los propios millennials.

Reintegrarse es la solución
La tarea pendiente de los adultos mayores está relacionada con su preparación para esta nueva etapa de la vida. El real desafío es el trabajo de reinvención personal, en el que se logra integrar lo mejor de cada uno al servicio de un renovado quehacer para el último tercio de la vida. Esa reinvención debería emerger del esfuerzo por integrar las tres grandes etapas de la vida de una persona:

-La experiencia de pertenecer y asimilar: el primer tercio de la vida está marcada por la formación familiar, escolar y universitaria, que dejarán su huella a fuego en nuestro carácter, preferencias y sueños futuros. Las experiencias de alegrías y dolores forjarán una identidad y voluntad sobre la que construimos nuestras oportunidades futuras.

-La experiencia de producir y competir: comprende esa etapa donde nos incorporamos a la vida social productiva para lograr nuestros objetivos de sustento y bienestar básico. Competimos con nuestros pares y luchamos por alcanzar el máximo nivel de capacidad. Los aprendizajes no los obtenemos en una sala de clases sino a partir de los errores o fracasos, propios y ajenos. La adultez se consolida en la capacidad de resolver problemas y hacerse cargo de la ambigüedad y la frustración.

-La experiencia de integrar y contribuir: es el tiempo donde el foco está especialmente puesto en lo importante y el valor de las cosas para cada uno. Esto exige tomar consciencia de aquello que le da sentido a lo que hacemos y reconectarnos con nuestras experiencias primarias, gustos, saberes, hobbies y oficios que acumulamos en la vida. Los nuevos aprendizajes son el resultado de nuestra trayectoria y nuestra genuina integración.

Tiempo pasa, pero no en vano. Es la oportunidad de resignificar todo lo vivido para visualizar una nueva etapa de saberes y quehaceres, con el objeto de complementar el ciclo de la vida en el ejercicio de nuevos roles, tales como asesorar, acompañar, contribuir, apoyar, servir.

Según la experiencia de Lukkap Chile, pasados los 55 años de edad, la persona comienza a hacer una reconexión con su pasado. Por ejemplo, alguien que reconoce que cuando joven siempre quiso emprender pero no lo hizo, o que ahora le encantaría realizar una actividad social en un ámbito determinado. Esa es una reconexión, porque la vida lleva a hacer un balance: ya queda el tramo más breve, solo un tercio. Y esa mirada integradora es la que nos permite ver nuevas oportunidad y proyectarnos en el tiempo.

Hacia dónde debemos ir
¿Cuál es el desafío hoy? ¿Cómo podemos contribuir a darle mayor sentido a las personas que enfrentan esta etapa? ¿Cómo generar en las empresas algunas acciones que apunten a la reintegración de los adultos mayores?

Una propuesta es un programa de reinvención progresiva, cuya principal condición es que debe ser trabajado con tiempo. Es imperioso elaborar una política que invite a quienes se acercan a la edad de jubilar a hacer un proceso progresivo constante al menos doce meses antes de su desvinculación, de manera que la persona vaya preparando su mente y sus recursos emocionales para elaborar los elementos del pasado y así enfrentar de mejor forma este inevitable proceso. Cuando nos referimos a un programa de trabajo se tienen en consideración ciertos tópicos que contribuyen a su éxito:

– Recapitular la trayectoria de la persona. El objetivo es redescubrir el potencial de desarrollo y sus anhelos pendientes.

-Diseñar un proyecto con sentido. Como lo hemos dicho antes, la integración tiene que ver con incorporar valores y la historia personal.

-Definir bien a quiénes se quiere contribuir. No es a quién se le quiere vender sino a quién se le quiere aportar, enseñar, afectar, influir.

-Proponer un servicio y después un producto. Al revés de la tendencia más tradicional, no se trata de hacer un producto para vender, sino de proponer y ofrecer un servicio que después pueda vincularse a un producto.

-Aplicar un márketing desinteresado. Su éxito se basa en primera instancia en cumplir y satisfacer los intereses de su mercado objetivo. No apunta de forma agresiva al consumismo, sino que apela a las necesidades de su público o cliente. Hoy existe un gran espacio para desarrollar emprendimientos por parte de los adultos mayores. Si bien este grupo etario es más temeroso por venir de una cultura adversa al riesgo, también es cierto que esta situación está cambiando radicalmente dada la cantidad de recursos y oportunidades que ofrece el actual escenario global.

La tecnología, gran aliado
La irrupción de la industria de los servicios ha ido acompañada por el rápido desarrollo de la tecnología. Gracias a ésta podemos aseverar que en un futuro muy cercano el trabajo humano se concentrará en las labores más complejas y sensibles, en aquellas en las que cumplan un rol más relevante la emoción, la intuición, el liderazgo, la toma de decisiones y el expertise. Es decir, todo lo que ha atesorado un adulto mayor integrado. En ese sentido, probablemente en el futuro las personas “más hábiles” serán las mayores de 60 años, y su tiempo de reinserción en el mercado laboral será cada vez menor, revirtiendo así la situación actual.

Es un consenso entre los expertos en tecnología que para el año 2035 se producirá un cambio disruptivo en la humanidad con la llegada de la inteligencia artificial. Esto tendrá a lo menos dos impactos de consideraciones:

1-El ser humano será requerido para un tipo de trabajo basado en los recursos síquicos del discernimiento, resolución de conflictos y la comprensión emocional de las cosas, dejando a las máquinas la tarea del análisis e interpretación de datos. Esto seguramente beneficiaría más a los adultos mayores que a los jóvenes.

2-La humanidad se vería enfrentada a un proceso acelerado de analfabetismo digital y baja capacidad de asumir los nuevos roles y competencias que se requieren. Este hecho traerá consigo la aparición de una nueva forma de pobreza. Muchas personas no podrán lograr la reconversión laboral que se requiere, poniendo en jaque a los gobiernos en la tarea de capacitar y desarrollar capacidades no convencionales.

Por lo anterior, se hace necesario anticiparnos a este desafío, generando nuevos procesos de formación desde una temprana edad. Los contenidos del futuro se centrarán en un conocimiento del ser humano más que en aprender a mover máquinas. Se valorarán como un plus de la humanidad aquellos aspectos distintivos y diferenciadores en relación a la tecnología artificial y la robótica.

En este macro escenario de la humanidad, se releva y revaloriza el rol de los adultos senior, quienes ocuparían posiciones de apoyo, asesoría, coordinación y dirección, siendo más competentes que otros muchos trabajadores menos experimentados y menos integrados. A saber, un nivel de reflexión y análisis más profundo, una mirada más amplia y completa de la realidad, y en especial, una mejor visualización de los escenarios futuros, la tienen solo quienes han aprendido de su propia experiencia. Serán ellos los más indicados para señalar el camino a seguir.

Fuente: Revisa Mirada FEN – Universidad de Chile