A diario nos encontramos con padres estresados que de buena mañana lidian con sus hijos mientras contestan a una llamada de trabajo; asistimos a reuniones donde pretendemos escuchar a la vez que enviamos e-mails; trabajamos en tareas interrumpidas por llamadas o notificaciones del móvil; vemos programas de televisión mientras consultamos las redes sociales; hacemos la compra mandando notas de voz por Whatsapp y, así, una infinidad de actividades más.

La multitarea o habilidad para el multitasking está de moda. Y no solo está bien vista, sino que, además, es demandada por muchas empresas y profesionales de los RRHH como un sinónimo de competitividad y eficiencia.

Aunque el concepto multitarea es relativamente nuevo, hace años que se empezó a hablar de él. Nació en la década de los 60, cuando IBM intentó describir las capacidades de un nuevo sistema informático y, de hecho, en la RAE su descripción lo relaciona, principalmente, con el mundo de la informática.

Desde entonces, se han llevado a cabo numerosas investigaciones para valorar en qué medida los seres humanos tenemos capacidad para emular a las máquinas y realizar tareas simultáneamente de manera exitosa.

En este sentido, Earl Miller, neurocientífico del MIT, ha estudiado las limitaciones del cerebro humano –el órgano que más energía consume de nuestro cuerpo–, descubriendo que solo es capaz de procesar una cantidad limitada de información de forma simultánea.

Como muestra de ello, Earl expone una situación muy común:cuando escribimos un email que nos requiere cierta concentración, y recibimos una llamada –pese a que el parón que realicemos sea corto y parezca insignificante–en ese mismo instante perdemos nuestra concentración.

Esto se debe a que el cerebro tiene que dejar de focalizarse en escribir para pasar a escuchar y, por tanto, conlleva que el cerebro tenga que usar más energía para focalizarse de nuevo en la primera tarea. De aquí que se le haya llamadoswitchingcosto coste por cambiar de tarea, un efecto que provoca una disminución considerable en nuestra productividad.

Earl Miller no es el único que nos habla del tema. Según otra investigación de la Universidad de Stanford, aquellos que se consideran buenos realizando multitareas acostumbran a tener una probabilidad más alta de cometer errores, tienen más problemas en organizar sus pensamientos y en filtrar la información más relevante, algo que provoca que sean más lentos a la hora de realizar el cambio de tareas.

Así pues, parece razonable que, si al realizar varias actividades a la vez, disminuye la productividad y la calidad de lo que hacemos, dejáramos de hacerlo; pero nuestro cerebro nos lo pone difícil. No podemos apagar esa necesidad que le empuja a captar rápidamente nuevos sonidos, señales del entorno o a buscar información. Ese impulso–que históricamente se ha considerado de supervivencia-hoy genera el efecto contrario: estar sobreexpuestos a una serie de estímulos que no podemos gestionar.

Y es que la tecnología, la inmediatez y el acceso fácil a todo tipo de información no nos ayudan.Hemos llegado a tal punto que incluso, la preocupación por estar perdiéndonos algo -como cuando nos dejamos el móvil en casa o no podemos entrar en las redes sociales durante un periodo de tiempo- ha dado lugar a una nueva palabra: FOMO (Fear Of Missing Out).

Y es que la multitarea -el perder el foco total en una tarea y desviarlo a una nueva fuente de estimulación-, puede llegar a crear adicción; todos lo hemos podido comprobar en alguna ocasión, por ejemplo, al entrar constantemente a una red social o al correo para ver si hay alguna novedad.

Dicho esto ¿qué podemos hacer para ser productivos de verdad a la vez que controlar esa “adicción” a la información constante? Los científicos coinciden en algo tan sencillo como limitar el número de distracciones. Podemos empezar por nuestro teléfono móvil;solo desactivando notificaciones de aplicaciones y correo evitaremos gran número de interrupciones. O, en nuestro día a día, puede ser muy útil reservar espacios de concentración absoluta, como los que propone la técnica Pomodoro que establece periodos de concentración -sin distracción alguna- de 25 minutos seguidos de 5 minutos de descanso, que, además, pueden ir bien para movernos y favorecer así el riego sanguíneo al cerebro, para volver, de nuevo,a nuestra tarea.

Porque, no nos engañemos, no somos máquinas. La multitarea puede ofrecernos la ilusión de estar realizando muchas cosas de manera simultánea, pero, en realidad, lo que estamos haciendo es cambiar nuestro foco de atención constantemente, con el desgaste, probabilidad de errores y pérdida de tiempo que ello conlleva.

Fuente: desarrollatucarrera.com