Tuvimos que esperar a que la caldera social explotara de la peor y más violenta manera, para que los empresarios empezáramos a cuestionarnos qué habíamos hecho más allá de generar empleo y, más aún, cómo lo habíamos hecho.

Columna de Carla Fuenzalida, Directora Ejecutiva de Lukkap Chile.

Resulta muy fácil y cómodo “dictar cátedra” vía Twitter sobre el actuar del empresariado, aún más cuando muchos de quienes escriben esos tweets jamás han emitido siquiera una factura o dado trabajo formal a una persona.
Históricamente nos enseñaron que el objetivo principal de las empresas es maximizar las utilidades de los inversionistas (“por eso estamos como estamos”, sería un tweet de respuesta a este comentario). Eso fue, es y será una máxima de las finanzas corporativas. Sin embargo, hace ya casi dos décadas, cuando se empezó a hablar de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), que esto empezó a cambiar. Pero ta parece que no lo suficiente, según ha quedado de manifiesto en las calles estas últimas semanas.

Al parecer no supimos entender bien la RSE, que en términos muy simples es devolver a la sociedad –colaboradores, sus familias y la comunidad– parte de lo que ésta le ha dado a la empresa, para producir bienes y servicios y, así crecer y ganar dinero. En algún momento confundimos la RSE con caridad y con gestiones aisladas, que finalmente funcionaban como acciones de marketing de la compañía.

Claro que no hay que desmerecer que, a pesar de que no ha sido bien implementada, la RSE sí ha servido para atraer talentos nuevos, pues los millennials valoran mucho más los conceptos “sociales”  que las generaciones anteriores.
En concreto, la RSE debe responder a los problemas y demandas sociales –cambio climático, escasez de comida, acceso al agua, la inseguridad…–, partiendo, al igual que la caridad, por casa. Una estrategia de RSE correcta debe ser diseñada en primer lugar pensando en los propios colaboradores de la empresa. Cada compañía debe buscar lo que le acomode de acuerdo a su propósito, la industria en la que participa, y sus posibilidades reales, entre otras variables. Pero tiene que visibilizar el tema y empezar a discutirlo internamente.

En esta línea, en las últimas 4 semanas hemos escuchado que en los directorios se está analizando no solamente el monto total gastado en remuneraciones, sino cómo se compone esta suma entre los distintos segmentos de la organización. Esto no significa necesariamente que se verán cambios a corto plazo, pero sí que se incorporará esta variable de aquí en adelante en los planes de negocios y en las inversiones que se piense hacer.

Tal como lo dice el economista estadounidense Michael Porter (sugiero ver el TED “Por qué las empresas pueden resolver problemas sociales”), es difícil escalar las soluciones si no se cuenta directamente con las empresas. Ellas son las que crean la riqueza y por ende, más que ser parte del problema, son parte de la solución. Incluso los gobiernos por sí solos no son capaces tampoco de dar soluciones de largo plazo, ya que dependen de los impuestos que cobran a esas mismas entidades.

Hoy están dados los tiempos para instalar la conversación de cómo aportar como empresa a la sociedad en su conjunto, de ver con una mirada fresca y equitativa el vínculo entre empleador, colaboradores y sociedad. Solo si cambiamos ese switch las empresas del mañana podrán ser exitosas, valoradas y respetadas.

Fuente: Diario La Tercera – lunes 9 de diciembre de 2019