Trabajar muchos años en un lugar puede generar un sentido de pertenencia muy arraigado, tanto así que la persona siente que encarnan las características de la institución. Esto se da especialmente cuando les ha tocado ser la cara visible de la misma como pasa con quienes han tenido cargos públicos.

Pero nada es para siempre. Y cuando tenga que alejarse de su puesto —obligado o por voluntad— deberá ‘desmarcarse’ de la identidad que había forjado para poder dedicarse a otra labor. Es cambiarse un traje para ponerse otro, pero tomando lo mejor de su anterior experiencia.

Y antes de salir a buscar un nuevo empleo es necesario que se pregunte: ¿soy atractivo laboralmente?, ¿cómo puedo explotar mis aspectos positivos y llevarlos a una nueva etapa? ¿Cómo hacer que lo que he construido y me da valor pueda rescatarlo para una nueva etapa laboral?

Por ejemplo, en los casos de quienes han sido fiscales podrían rescatar su capacidad de gestión, su conocimiento en el manejo de personas, su expertise en el sistema procesal penal.

Pero también deben activar sus redes personales y aprovechar todas las instancias posibles para generar nuevos nexos.

Si durante la trayectoria laboral se actuó consecuentemente, trasparentando los conflictos de interés, sobre todo en los cargos públicos y con alta exposición mediática, eso siempre será reconocido por el mercado y por los contactos que puedan hacerse para generar nuevas oportunidades laborales.

El fracaso, como dijo Henry Ford, ‘es una gran oportunidad para empezar de nuevo con más inteligencia’. Un quiebre es una oportunidad para atreverse a iniciar un camino distinto, y que tal vez siempre habíamos querido.

Fuente: Columna Diario La Segunda_Carla Fuenzalida_11-9-1